Cualquiera puede enfrentarse, algún día, al mal agudo de montaña (abreviado con mayor frecuencia como MAM). Poco conocido por el público general y a veces por los senderistas, es fundamental conocer sus síntomas y riesgos para protegerse eficazmente. No es este el lugar para dar explicaciones médicas complejas ni para impartir una clase teórica, sino más bien para describirte las pautas principales y los riesgos, despertando en ti las «alertas» esenciales y los principios básicos a aplicar para evitar estas molestias y sus consecuencias.

¿Qué es el MAM?
Con la altitud, la presión disminuye y, por tanto, en el aire, a igual volumen, hay menos moléculas de oxígeno disponibles. Ante esta escasez de oxígeno, el cuerpo humano intenta compensar respirando más rápido, aumentando la frecuencia cardíaca y la producción de glóbulos rojos: es la fase de aclimatación.
El mal agudo de montaña es entonces el signo de una aclimatación incompleta o parcial del cuerpo humano a la altitud.
Los factores clave y determinantes son:
- La velocidad de ascensión
- La altitud alcanzada
- La duración de la estancia
- La susceptibilidad individual (edad, debilidad particular, antecedentes)
Los signos precursores y los síntomas progresivos son dolores de cabeza leves y luego más intensos, trastornos digestivos, somnolencia, desorientación, mareos, estrés, irritabilidad, dificultad respiratoria y/o trastornos neurológicos.
Es fundamental saber que estos síntomas no son en absoluto progresivos ni cronológicos, y no siguen una lógica escalonada: ¡este es, de hecho, uno de los grandes peligros de estos trastornos!
Las posibles complicaciones
El EPHA (edema pulmonar de gran altitud) suele aparecer a última hora de la noche, por lo general entre 3 y 4 días después de llegar a la altitud. Comienza con una tos seca (y, por supuesto, se atribuye a otra cosa: afección broncorrespiratoria, etc.), y luego los bronquios se congestionan. Cuando se empieza a expectorar una espuma rosada, hay que actuar realmente rápido porque te estás ahogando por dentro (la sangre empieza a atravesar los alvéolos pulmonares). En ese momento, es necesario llamar a los equipos de rescate o descender rápidamente de altitud, si es posible. Los rescatistas utilizarán oxígeno, una cámara hiperbárica o una inyección de dexametasona.
El ECHA (edema cerebral de gran altitud) afecta al cerebro y tiene repercusiones inmediatas en el comportamiento (mareos, vómitos, dolor de cabeza, actitud «extraña»).
En altitud, hay que estar alerta y reaccionar ante cualquier actitud fuera de lo común o que pueda parecer extraña (y que a menudo puede provocar un accidente por caída o comportamiento inapropiado). El tratamiento suele ser el mismo que para el EPHA.
También pueden aparecer a veces edemas localizados (tobillos, manos, rostro), aunque son más raros.
¿Cómo evitar el mal agudo de montaña?
La regla fundamental a recordar es no subir demasiado rápido ni demasiado alto. Lo ideal, a partir de los 3000 m, sería no superar los 400 metros de desnivel entre 2 noches consecutivas (aunque entre ambas noches puedas cruzar un collado a más de 400 m de desnivel).
Los factores individuales también deben tenerse en cuenta: está comprobado que el estrés, el frío y la fatiga son factores agravantes.
Una buena hidratación también es fundamental en la fase de aclimatación.
Si no estás aclimatado, evita el alcohol, los relajantes musculares y los somníferos, que tendrán un efecto depresor sobre la ventilación y aumentarán los efectos del MAM.
Los comportamientos individuales son, por supuesto, responsables. Con la moda de la velocidad y de hacer siempre más, ¡absolutamente nadie se toma el tiempo de aclimatarse en el Mont Blanco, por ejemplo! ¡Y algunos incluso caen en la tentación de imitar ciertas hazañas de deportistas mediáticos! Además, la duración de las vacaciones, la ventana meteorológica y el coste de una expedición también pueden incitar a subir más rápido de lo razonable.
Algunos consejos generales
En un grupo de senderismo en altitud, primero hay que asegurarse de que todos sepan reconocer los síntomas del MAM. El error suele ser atribuir los signos del MAM a otra causa: dolor de cabeza = sol, mareos = tapón de cera, náuseas = comida, actitud extraña = «tipo raro»... ¡lo cual puede ser el caso a veces, pero no siempre!
- Prestar atención a los compañeros de ruta
- Beber abundantemente
- Mantener la humildad y escuchar a tu cuerpo
- No ocultar los síntomas esperando que «se pasen»
- La aclimatación es una cuestión de tiempo
- Saber renunciar o adaptar el programa
- Equiparse con material de senderismo adecuado
Por supuesto, este artículo es solo una llamada de atención sobre un tema a veces peligroso y situaciones críticas. No dudes en consultar con personal médico, especialistas en montaña o guías para hacer preguntas u obtener información adecuada a tu estado de salud, tu forma física y tu destino o la ascensión que deseas realizar.