El senderismo en alta montaña es apasionante por la belleza de los paisajes y el descubrimiento de un nuevo entorno. Pero también conlleva contraindicaciones que no se deben pasar por alto.
Los riesgos en las altas cumbres
El senderismo en montaña consiste en caminar durante un tiempo relativamente largo por un terreno con desniveles y a un ritmo sostenido. Por tanto, se requieren buenas condiciones físicas y una excelente disposición mental para completar la ruta. En la práctica, la montaña suele deparar cambios climáticos y variaciones térmicas notables tanto de día como de noche. Además, la gran altitud implica una atmósfera enrarecida y una intensa radiación solar. Todos estos factores exponen al montañero a una serie de riesgos que no deben tomarse a la ligera. Para prevenir estos contratiempos, se recomienda contar con el equipo adecuado para la actividad.
Las contraindicaciones durante la marcha
La sed no se lleva bien con las actividades de marcha. De hecho, llevar siempre encima algo para beber es esencial y obligatorio en senderismo. El cuerpo, a medida que gana altitud, pierde agua al deshidratarse. Esto se calcula de media en unos 200 ml por hora, es decir, 1 litro para 5 horas seguidas. Por tanto, llevar una reserva suficiente de agua es la mejor solución.
Algunas personas caen en la tentación de consumir hielo sin derretir en lugar de agua. Sin embargo, esto puede provocar molestias estomacales. Además, ni la nieve ni el hielo pueden sustituir la cantidad necesaria de agua, ya que no contienen las sales minerales que el cuerpo necesita. Por tanto, el consumo de estos elementos solo está justificado en situaciones de extrema necesidad.
No es raro que un senderista coma poco durante la marcha. La falta de apetito puede deberse al rechazo a la comida por la altitud. Sin embargo, el organismo debe alimentarse regularmente para afrontar una ruta larga. Antes de salir, conviene seguir una dieta específica a base de arroz, pasta o patatas, para acumular una reserva de energía suficiente.
El Mal Agudo de Montaña
El Mal Agudo de Montaña suele aparecer a partir de los 3500 metros y se debe con frecuencia a la falta de oxígeno, vinculada a un ascenso demasiado rápido en altitud.
Por tanto, se recomienda encarecidamente a los senderistas principiantes no superar los 2500 metros. Esta precaución evitará el mal agudo de montaña o MAM y sus complicaciones. Los efectos de este fenómeno varían según la persona, pero los síntomas no engañan: dolores de cabeza, trastornos del sueño, pérdida de apetito, mareos, náuseas o vómitos aparecen en un plazo de 4 a 8 horas. Las secuelas pueden prolongarse durante 2 o 3 días consecutivos. Si continúas progresando a pesar de estas señales de alarma, pueden aparecer complicaciones graves, como el edema pulmonar o el edema cerebral.
No te preocupes, la mayoría de los senderistas con buena salud se aclimatan correctamente a la altitud. Basta sencillamente con respetar ciertas reglas:- asciende progresivamente en altitud (de 300 a 500 m de desnivel al día de media por encima de los 3500 m)
- no realizar esfuerzos físicos innecesarios
- beber mucha agua, té y sopa (unos 3 litros al día)
El rango de edad
Para practicar senderismo, no existe ninguna contraindicación vinculada a la edad. Tanto los niños como las personas mayores pueden caminar en altitud. Un niño de 6 años puede caminar hasta 6 kilómetros y un adolescente puede recorrer fácilmente las mismas distancias que un adulto.
Antes de lanzarse a una aventura, es importante realizar una visita al médico de cabecera o al cardiólogo, aunque también existen diagnósticos especializados en centros de medicina de montaña.